El monólogo suele ser de una sinceridad terminante. No hay interlocutor con quien medirse. El diálogo suele ser de una cómplice sinceridad: en el mejor de los casos es tu palabra junto a la mia. Pero más allá del diálogo aparece ya el espectador y el testigo. La sinceridad se ha hecho imposible. Más allá del diálogo empieza la representación. Rafael Argullol

viernes, 13 de mayo de 2011

El secreto de tus ojos






Un crimen sin resolver, un libro por escribir y un amor nunca expresado, unos silencios que diluyen la mirada, una música de piano al fondo, un falso plano secuencia. Haber trabajado unas series de televisión, haber repetido los actores, el tren que parte, los secretos de las dictaduras y sus selectivos asesinatos y masacres, los falsos que no son positivos, las proposiciones verdaderas y las decisiones en espera. Ella esperando una acción y él con toda la indecisión de no hacerlo. Esperando que el tiempo pase para arrepentirse años después, ella y su supuesta felicidad emocional. Un estadio lleno vacío de pasiones obtusas. Un asesino que huye y una persecución sin repercusiones, un jefe que oculta y un ministro que tapa. No hay goles ni golazos solo un vacío y una desazón, como la de Luis Ospina. Caminar bajo la luz de la luna bebiendo vino a pico de botella, recordando lo que nunca se fue capaz de hacer.





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