El monólogo suele ser de una sinceridad terminante. No hay interlocutor con quien medirse. El diálogo suele ser de una cómplice sinceridad: en el mejor de los casos es tu palabra junto a la mia. Pero más allá del diálogo aparece ya el espectador y el testigo. La sinceridad se ha hecho imposible. Más allá del diálogo empieza la representación. Rafael Argullol

viernes, 14 de enero de 2011

El templo de Niezstche

El pensador avergonzado por el espectáculo dado
Esperando el Almuerzo
Hilderboy pendiente
Un café para Camilo
Una roncada muy dialogada
Lo suyo es el ciclismo no el automovilismo
Por fin vi la casa de día
Un poco de sol
más dialogo
Whisky y agua
Más gusqui y gielo
Una carne y un chorizo
Viaje interplanetario del selenita
Aguardando a Jupiter
Barriga llena y corazón contento
El asador ya todo está listo
El primero
Las indicaciones
El lector arrecho
El culpable de la demora

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