El monólogo suele ser de una sinceridad terminante. No hay interlocutor con quien medirse. El diálogo suele ser de una cómplice sinceridad: en el mejor de los casos es tu palabra junto a la mia. Pero más allá del diálogo aparece ya el espectador y el testigo. La sinceridad se ha hecho imposible. Más allá del diálogo empieza la representación. Rafael Argullol

lunes, 25 de enero de 2010

La ciudad de Pachacútec

El frío eriza la piel, las manos ya no palpan la sábana y el peso de las cobijas cae sobre el cuerpo y hace una presión tan fuerte que levantarse al otro día es una proeza, tratando de quitar las toneladas de lana virgen, aunque esto a nadie le puede constar.
Para el más grande estadista del Tahuantinsuyo, debió haber sido algo similar y mas cuando se llegó a la victoria sobre los Chancas y comenzó la construcción de la ciudad.


Por sus empedradas escaleras y callejuelas deambulaban llamas y guanacos y su clima y su suelo son ricos y fértiles, por ser su origen y función religiosa y militar, la Ciudad está cercada por una gran muralla de 6 m de altura y 1.8 m de ancho y puede ser dividido en dos grandes partes: el sector urbano y el sector agrícola. Cada uno tiene a su vez dos sub-sectores -el occidental y el oriental- que se definen de acuerdo a su ubicación en la topografía.

El sector agrícola está dividido en alto y bajo. El alto presenta cinco recintos, la apacheta (piedra que marca un lugar sagrado), y más de cuarenta andenes. El bajo, a su vez, tiene siete recintos, cuatro canchones y aproximadamente 80 andenes. La numerosa sucesión de logradas terrazas agrícolas, conectadas algunas por escaleras de piedras empotradas en los mismos muros de contención de las terrazas a manera de peldaños y, otras, por escalinatas de múltiples gradas de piedra dispuestas a manera de corredores. El diseño de las terrazas o andenes está en perfecta armonía con las montañas que rodean el lugar, lo que da impresión de que las laderas hubieran sido esculpidas para armonizar con la naturaleza.



Los recintos están organizados en forma de "barrios", cada uno con funciones específicas de acuerdo a sus características formales.
Un sector esta destinado para depósitos de las cosechas del maíz o de la coca que se produce en las terrazas agrícolas. Otro sector tiene cantidades de morteros de molienda, para la fabricación de la chicha (cerveza de maíz), utilizada para las festividades religiosas.
Un tercer sector está conformado por las viviendas de las personas que habitaban en el lugar con el fin de realizar actividades productivas especializadas, o cultos religiosos, o la administración de la producción agrícola.
Algunos recintos sobresalen por el precioso y fino acabado de sus muros, comparables con las exquisitas construcciones existentes en la Gran Ciudad, como los edificios conocidos como el Coricancha o el Acllahuasi, los más importantes edificios de la ciudad.
Los recintos son el marco de la gran plaza pública en el centro del sector urbano, así como de dos plazas menores. Existen también edificios de función ceremonial, que completan el sector urbano, destacando el Templo de las Tres Ventanas y el Intihuatana , piedra esculpida específicamente para realizar observaciones astronómicas. También se encuentra un complejo sistema ritual de baños y fuentes de agua.


La armonía integral de la Ciudad, que contiene una serie de espacios y paisajes de carácter sagrado. La Ciudad es una construcción planificada con sumo cuidado, diseñada minuciosamente para compenetrarse con el entorno natural. Es el resultado de un conjunto de experiencias únicas, donde la obra del hombre se confunde y se integra exitosamente con la naturaleza. La irregular topografía se transformó en terrazas con fines agrícolas y urbanos.
Por eso fijó en Tampu el asentamiento predilecto de la nueva nobleza imperial, engalanando el valle con varias de las más fastuosas ciudades del Tahuantinsuyo, la elección del sitio para levantar la ciudad debió ser hecha con sumo cuidado, pues era el lugar perfecto para levantar un centro ceremonial.

Se ubicada en la cadena de montañas de carácter sagrado más importante, que comienza en el Salcantay (el apu, espíritu mayor) y termina en el Huayna Picchu. Era un lugar privilegiado para observar el movimiento de las estrellas y del sol, ambas divinidades para sus moradores.
El valle es la entrada a la selva, el Antisuyo, la amazonía, la tierra de los Chunchos. El río que lo forma se llama desde la antiguedad Willka Mayu , y el nevado de cuyos deshielos nace se conoce como Willkan Uta. El valle está íntimamente ligado con el culto solar, ya que la palabra willka es la mención quechua del dios sol, palabra que antecede en uso al más popular inti.

Se ha relacionado la leyenda sobre la fundación de la Gran Ciudad por los Cuatro Hermanos Ayar con las cuatro naciones. Según este mito, los Masca estarían representados por Manco Cápac (el héroe fundador), los Tampu por Ayar Uchu, los Mara por Ayar Kachi y los Quillke por Ayar Auca.
Uchu significa "ají", siendo esta planta, por clima y altitud, ampliamente cultivada en ese valle, y será el ingrediente principal para la sopa que esta noche nos calentará los huesos.
Fotografías cortesia de la Antropóloga Tatiana González

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