Una mirada a veces compromete y nos entromete en situaciones no buscadas, una mirada genera malestar, admiración, envidia y casi siempre celos. El rabillo del ojo se torna complice, en el escrutino que hacemos, pues en muchas ocasiones miramos para deleitarnos, pero tambien, para constatar las cosas que no creemos posibles y con ella, estupidamente, construimos ciertas certezas visuales, pero olvidamos que no hay nada que engañe más que los sentidos.
Una mirada a tiempo genera un estado de complicidad cuando existe un gesto en la boca, una mirada se regodea con una obra de arte, con una película o con un baile; pero esas mismas miradas se contaminan con la basura que los medios masivos producen y reproducen en cantidades industriales. Una mirada causa temor y muchas miradas, a veces, producen pánico, sobre todo cuando uno está parado frente a un auditorio.
La mirada acusa, corrige o castiga, la mirada enfoca y dispara, la mirada organiza y controla, una mirada puede estar cargada de sentimientos encontrados y muchas veces, esas miradas, han ocasionado muertes violentas que no permiten que se mire lo mirable...
Esa misma mirada es la que te vio partir el día en que te fuiste.
No hay comentarios:
Publicar un comentario